MINISTRO

En el lenguaje corriente, un ministro es alguien que forma parte del Gobierno de un país. Si oímos hablar del ministro de Educación o del de Asuntos Exteriores, pensamos en la autoridad que conlleva su cargo.

En la liturgia, en cambio, la palabra conserva el sentido del latín minister, que significa «servidor». El término está emparentado con minus, «menos», mientras que magister, de donde viene «maestro», se relaciona con magis, «más».

Teniendo en cuenta esta etimología, se entiende por qué llamamos ministros a quienes desempeñan un oficio concreto en la celebración. Las expresiones «ministro ordenado» y «ministro sagrado» designan a quien ha recibido el sacramento del orden, sea obispo, presbítero o diácono. También los fieles laicos ejercen un ministerio litúrgico, como el lector que proclama la palabra de Dios o el acólito que sirve en el altar.

Jesús recuerda a sus discípulos que uno solo es su maestro y que el primero entre ellos será su servidor (cf. Mt 23, 10-12). El evangelio de Juan nos muestra al Maestro en la última cena. Se levanta de la mesa, se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos. Después les pide que hagan unos con otros lo que él ha hecho con ellos (cf. Jn 13, 1-15).

«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22, 27). Estas palabras de Jesús dan la medida de todo ministerio en la Iglesia. Cada ministro, al ejercer el oficio que le corresponde en la celebración, sirve a sus hermanos para conducirlos a Cristo, el único Maestro.